Por Caro Febrero 20, 2026
Detente un momento y piensa: la etapa en la que te encuentras es parte de tu entrenamiento. Dios quiere moldear tu alma, transformar tus pensamientos, tu carácter. Quiere enseñarte una lección muy específica; ¿estás escuchando?
Todos pasamos por diferentes etapas en nuestras vidas. A veces estamos en una época de alegría, de progreso profesional o de aventuras románticas. Y a veces atravesamos pruebas, desafíos y problemas que resolver. ¿Dónde está Dios en todo esto? Él no es el Dios “bueno” cuando tenemos abundancia, ni el Dios “enojado” cuando estamos en problemas. Él es Dios, y no cambia según nuestras etapas. Su presencia no varía, su amor por nosotros no varía (Hebreos 13:8). Y el enemigo de nuestra alma está tan activo en una etapa como en otra (1 Pedro 5:8).
Durante las épocas agradables, Dios quiere enseñarnos a darle gloria y a encontrar mayor placer en su presencia que en las bendiciones que recibimos. Debemos entonces entregar nuestros talentos en sus manos, depositando nuestras bendiciones en el altar (Génesis 22). Este es un tiempo para apreciar el descanso y sanar nuestras heridas, ya sean espirituales o emocionales. Podemos aprovechar un respiro de nuestras luchas para entrenarnos y fortalecernos. Tenemos mucho que aprender en la escuela del Espíritu Santo durante esta época. Debemos permanecer vigilantes para no caer en la complacencia durante este tiempo de descanso ni en el orgullo, pensando que estas bendiciones son fruto de nuestro trabajo (Deuteronomio 8:17-18). Ciertamente podemos disfrutar de las cosas buenas que nos llegan, y debemos hacerlo, pero manteniendo nuestra mano en la de nuestro Padre Celestial. El enemigo nos acecha durante este tiempo, tratando de atraernos a la trampa de los placeres fugaces y hacernos olvidar que somos un pueblo especial, que pertenecemos a Cristo.
En tiempos de prueba, a menudo nos encontramos de rodillas, llorando ante Dios, rogando por su liberación. Y cuando la prueba persiste, no debemos enojarnos con Dios ni creer que ya no nos ama. Ciertamente podemos examinar nuestro corazón y ver si esta situación se debe a una mala decisión o a un rasgo de carácter que necesita cambiar. Pero tampoco debemos aislarnos ni menospreciarnos. Seguimos siendo sus hijos amados incluso en tiempos de prueba (Romanos 8:38-39). Necesitamos luchar espiritualmente, poner al enemigo en su lugar, recordarle su fin, su derrota en la cruz. Necesitamos declarar las promesas de Dios y agradecer al Espíritu Santo por estar con nosotros en estas batallas. Cuando flaquean nuestras fuerzas, podemos confiar en el León de Judá. Cuando llegamos al límite, solo podemos ver a Dios actuar a nuestro favor. Es cuando tenemos menos (menos dinero, menos fuerzas, menos amigos) que encontramos en Dios lo que necesitamos (2 Corintios 12:10). El enemigo también acecha para intentar hacernos perder la esperanza, para que dudemos del amor de Dios. Resistamos sus mentiras y mantengamos la vista puesta en la vida eterna.
Siempre hay algo que aprender, sin importar la época en que nos encontremos. Entonces, ¿qué estás aprendiendo de Dios ahora mismo? A lo largo de la época en que te encuentras, ¿qué rasgos de carácter está desarrollando Dios en ti? Si no estás aprendiendo nada, estás perdiendo el tiempo. ¿A quién escuchas más ahora mismo? ¿La voz de quienes se quejan, dudan de Dios, consideran todas las posibles consecuencias negativas? ¿O escuchas la voz de Dios que ve más allá de tu situación, más allá de tu sufrimiento, y que planea tu vida, no solo la época actual? Cuando estás alegre, ¿te olvidas de Dios, demasiado ocupado disfrutando de tus bendiciones? ¿Te vuelves religioso, obligando a otros a seguir esta o aquella regla como si fuera tu buen comportamiento lo que te valió esas bendiciones?
La presencia de Dios no cambia según nuestras pruebas. Tampoco su amor. Ni sus instrucciones. Tenemos algo que aprender en cada etapa de nuestra vida. No te pierdas la suave brisa del Espíritu Santo. Cierra los ojos, deja de pensar en tu sufrimiento o en tus bendiciones por unos minutos y entra en la vida eterna. Allí está Jesús. Y quiere enseñarte algo. La palabra que tiene para ti hoy será una fortaleza para superar tu prueba o una protección para evitar tu caída. No te pierdas esta lección diaria.