Creí haberlo/la perdonado…
Un recuerdo doloroso resurge de repente y la duda se instala. Si el dolor persiste, ¿es por falta de sinceridad? No. Sanar el corazón lleva tiempo y a veces requiere perdonar de nuevo.
Un recuerdo doloroso resurge de repente y la duda se instala. Si el dolor persiste, ¿es por falta de sinceridad? No. Sanar el corazón lleva tiempo y a veces requiere perdonar de nuevo.
¡Qué difícil es confiar en Dios! Nos apresuramos a controlar cada aspecto de nuestras vidas. Sin embargo, su paz supera con creces la satisfacción de un proyecto terminado. Es esta verdadera paz la que debemos buscar a toda costa.
Es una expresión muy popular. Se puede usar para estar preparado (en el sentido de: para estar seguro) o por preocupación (es decir: ¿Y si ocurriera algo tan desafortunado…?). Estar preparado es bueno, pero no estar preocupado.
Como hijos de Dios, disfrutamos de toda clase de bendiciones inmerecidas. Pero a veces pasamos por momentos más difíciles. E incluso estas pruebas pueden ser positivas si reaccionamos correctamente.
¡Cualquier buen cristiano responderá “por supuesto”! Al tratar de ser una “buena persona”, automáticamente pensamos que somos dignos de confianza. Sin embargo, hay muchas pequeñas acciones que realizamos que pueden poner barreras en nuestras relaciones.
“Recuerda las promesas que me hiciste, en las cuales he puesto mi esperanza” (Salmo 119:49 RVC). Nos gusta recordarle a Dios todas las promesas que nos hace. Pero ¿qué pasa con las promesas que NOSOTROS nos hacemos a nosotros mismos?
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Plantilla creada por Bootstrapious. Adaptada a Hugo por DevCows.